!JUGANDO A SER DIOSES!
Del mismo modo que vemos, en el inicio de cada capítulo de los Simpson, a Bart escribir una frase en la pizarra como castigo por portarse mal, los ciudadanos deberíamos escribir en un papel mil veces al día “corrupción, malgasto y nepotismo” como castigo por haber dejado gobernar a según qué políticos. Hay dos maneras de juzgar estas políticas impresentables: una a través de los juzgados y la otra a través de las urnas. No quiero generalizar pero la política, desde hace tiempo, da asco. Es evidente que no todo político es corrupto, pero cuando nuestro sistema democrático ha incentivado la figura del político profesional, el político mira más por su interés personal que por el interés general. Esto es normal si concebimos la política como un trabajo y no como un servicio, por no hablar del síndrome de apoltronamiento a la silla que tienen nuestros políticos.
El principal problema de este país (y de muchos países democráticos) es el sistema electoral y la falta de democracia interna de los partidos políticos. Que nadie se engañe, el poder absoluto, antes sustentado por el Rey y los señores feudales, hoy en día lo sustentan los partidos políticos (Como el Rey de antaño) y los políticos (como señores feudales). Y os diréis, que va, esto no es así. Pues sí, esto es así, porque quien hace y deshace en este país son los políticos. Quien aprueba leyes, otorga licencias, recauda impuestos, nombra jueces, recalifica terrenos, etc. son las direcciones de los partidos políticos y los políticos. Por lo tanto, seguimos teniendo unos señores feudales y unos reyes disfrazados de políticos y de partidos políticos, con las consecuencias que todos conocemos: caso Millet, caso Pretoria, caso Gurtel y muchos otros que no se sabe o que no se investigan. Y que pasa con los Millets, Luigis y Correas pues que, si se acaba confirmando, son unos jetas y unos caraduras que se juntan a los que ostentan el poder por su propio interés. Ojo, porque también hay quien no tiene más remedio que entrar en el juego por el poder absoluto que sustentan los políticos y los partidos políticos. Por poner un ejemplo, quieres abrir un restaurante y necesitas la licencia de actividades….cumples con todos los requisitos pero el ayuntamiento se toma su tiempo, pasan los meses, mientras tú tienes un local que podría estar funcionando pero no, te falta la licencia. ¿Quién tiene la sartén por el mango? El político de turno siempre. Estamos a merced de lo que decidan los partidos políticos y los políticos que se han hecho un sistema a su medida para que los ciudadanos no participemos de sus decisiones y estemos a merced de sus caprichos.
La concentración de tanto poder en la clase política es lo que ha llevado a la proliferación de casos de corrupción, de actuaciones irregulares y de la desafección del ciudadano de a pie. Y os preguntaréis, hay solución….pues claro que la hay, depende precisamente del ciudadano de a pie. Y ¿Qué hay que cambiar? Muy fácil, siempre que los ciudadanos nos comprometamos. Hay que exigir un cambio de sistema electoral (listas abiertas y limitación de mandatos); hay que exigir la democratización de verdad de los partidos políticos (primarias y traspasar el poder de la dirección del partido a las bases); y hay que exigir también la independencia real de la justicia. Todo ello generará confianza en el sistema, nos hará sentirnos más libres y nos dará esperanza para las futuras generaciones.
Como veis, somos los ciudadanos quiénes tenemos la última palabra y de si la ejercemos o no dependerá nuestra verdadera libertad y el éxito o no del presente y el futuro.














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