CASO GARZÓN
En un Estado de Derecho me parece impensable lo que está sucediendo con el caso Garzón. Estoy de acuerdo en que no tenemos el mejor sistema judicial ni existe la separación de poderes que debería existir en cualquier país democrático y libre, pero de ahí a defender, por parte de personalidades, ex-altos cargos de responsabilidad institucional y judicial, artistas y sindicatos (estos últimos, me hace gracia, por no llorar, porque después de tener en su haber el mayor paro que ha existido en la historia de España se dedican a defender a un juez cuando no tendrían que perder ni un minuto en dar soluciones realistas en cuestiones laborales para reconducir la situación del paro), a un juez que puede haber actuado en contra de la legalidad es un auténtico sin sentido y cruzar la línea de lo admisible en un Estado de Derecho. Aquí no se está juzgando la Guerra Civil o el Franquismo por mucho que a algunos les interese anclarse en el pasado para seguir subsistiendo en el presente y futuro (me refiero a todos aquellos que tienen que vivir del pasado para seguir en sus cargos), aquí lo que se está juzgando es a una persona, un juez, que, presuntamente, ha podido actuar en contra de la legalidad, es decir, en contra de las leyes. Y si hay alguien que tiene que cumplir a rajatabla la ley ese, señores, es un juez. Porque si esto no fuera así, entonces apaga y vámonos. Ya me imagino que el Sr. Garzón ha hecho muchos amigos/enemigos a lo largo de su carrera judicial (y no tan judicial) mediática, pero lo que no podemos consentir es que se confunda a la gente. Aquí, repito, no se está juzgando el Franquismo (y esto tiene que quedar bien claro), aquí se está juzgando a un juez que presuntamente no ha cumplido la ley y punto, nada más. Hay tres causas abiertas contra el juez Garzón. De hecho, hace dos semanas prestó declaración por los supuestos cobros que recibió de unos cursos que impartió en Nueva York a través del Banco Santander, lo que podría ser incompatible con su puesto de juez en la Audiencia Nacional. Si esto es juzgar el Franquismo que venga alguien y me lo expliqué porque yo no entiendo nada. No seré yo quien defienda el sistema judicial de este país, pues, como liberal que soy, me parece aberrante la falta de separación de poderes en nuestro país, pero estas mismas personas que se han posicionado a favor del juez Garzón y en contra de las instituciones judiciales, no dijeron nada cuando se ilegalizó Batasuna y otros partidos políticos creados posteriormente; como tampoco dijeron nada cuando condenaron e inhabilitaron al juez Gómez de Liaño cuando estaba instruyendo el caso Prisa; ni mucho menos han dicho nada cuando han salido absueltos de la cárcel personas anónimas que han estado muchos años entre rejas sin ser culpables por errores judiciales. En todos estos casos, el Tribunal Supremo ha dado su veredicto y nadie de los que ahora critican al Tribunal y al sistema dijeron NADA.
Dejemos en paz a nuestras instituciones judiciales y a nuestros jueces que hagan su trabajo, no politicemos más la justicia de lo que está y propongamos, de una vez, tanto unos como otros, una separación de poderes de verdad que haga realidad aquello de la independencia de la justicia. Mientras tanto el juez Garzón tiene las garantías que le da el Estado de Derecho para defenderse como él hacía y hace con todas las personas que ha imputado y como sucede con todas las personas imputadas en cualquier procedimiento.
Como ciudadano normal y de la calle me indigna el posicionamiento de ex-altos cargos que han vivido dentro del sistema judicial y que ahora critican el sistema por juzgar a Garzón, como también me indigna que desde algunos partidos políticos se pida al gobierno que se posicione a favor del juez Garzón en contra del más mínimo sentido común y de la poca independencia judicial que existe. Pero sí realmente me indigna algo es ver en la televisión a nuestros representantes sindicales alzar la voz y hacer mucho más por este caso que por los casi 5 millones de parados reales que existen en este país. ¿!Estamos locos o qué!? Se ha perdido la decencia, la responsabilidad y el sentido común en este país, si es que alguna vez lo ha habido.














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